Es una trama muy extraña. Por una parte, lejos de ofrecer a la ciudadanía todas las garantías de que cualquier cáncer en la administración de justicia será extirpado, cada una de las reacciones en el Ejecutivo, Legislativo y Judicial revelan más bien una excesiva parsimonia, pies de plomo que se arrastran a duras penas.

 

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El presidente Vizcarra que no pasa de las líricas declaraciones y las solicitudes. El Legislativo que deriva el pedido presidencial a la comisión de Justicia. El Consejo Nacional de la Magistratura que niega documentación al Ministerio Público.

Nadie resta méritos a la prudencia, pero cuando se trata del bien público, nunca es demasiado pronto, como ha quedado claro con el caso Odebrecht que, a estas alturas de los procesos, es evidente que desembocará en la impunidad.

Por otro lado, en cambio, en nombre de la celeridad invocada por su jefa la fiscal Nora Córdova, el fiscal Rodrigo Rurush aparece con cuatro policías en los predios del IDL para realizar una diligencia sin ningún documento que lo ampare. A más de uno sobrevino el dejavú: solo faltó que se tratase de un fiscal falso para repetir historias conocidas.

¿En serio le bastó una orden verbal, o la verdadera intención fue amedrentar a los periodistas? ¿No saben acaso que las fuentes periodísticas son inviolables, que cualquier intento de incautar sus materiales es un atropello a las libertades de información y expresión?

Además, en lugar de deslindar con esta diligencia fiscal irregular, que lo deja mal parado, el Ministerio Público termina disculpándola y justificándola, sin aclarar cómo ha sido posible que se produzca semejante despropósito en medio de un escándalo de tales proporciones. ¿O es que hay compartimientos de poder en la Fiscalía? Y el Ministerio del Interior tampoco ha aclarado cómo cuatro policías terminan acompañando a un fiscal que no porta ninguna orden escrita.

Fiscalía se disculpa y acepta que no contaban con la orden judicial correspondiente (Imagen: Twitter Ministerio Público).

Ha sido sorprendente también el repentino enmudecimiento de los congresistas más elocuentes de la mayoría fujimorista y del aprismo, mutis que siguió a la revelación de que las escuchas telefónicas no habían sido obra de ningún “chuponeo” ilegal, como habían deslizado primero con aires indignados, sino de una orden judicial a pedido fiscal.

Para lo único que han reaccionado ha sido para anunciar que la comisión de Fiscalización se encargará de realizar una investigación a las “filtraciones” de los audios a la prensa nacional, como si el fondo del asunto no fuesen las conversaciones aparentemente impropias de importantes magistrados en cuyas manos se han ventilado y ventilan casos con serias connotaciones políticas, sino que la opinión pública los haya conocido.

¿No saben acaso que las fuentes periodísticas son inviolables, que cualquier intento de incautar sus materiales es un atropello a las libertades de información y expresión?

Pero también es importante destacar que en medio de este escándalo que ofende profundamente la sensibilidad del país y destruye la poca confianza que queda a la ciudadanía en sus instituciones, hay voces que intentan incendiar la pradera y derrumbar la institucionalidad, como es su costumbre, incitando a olvidar que junto con magistrados corruptos hay también jueces probos.

Un “que se vayan todos” que no aplica aquí por una sencilla razón: ha sido desde la propia Fiscalía que en medio de una investigación preparatoria surgió el pedido para intervenir las comunicaciones de los presuntos jueces corruptos; ha sido desde el propio Poder Judicial que se emitió la autorización para esas escuchas legales; y fue la Policía Nacional quien en cumplimiento de la orden judicial procedió a realizarlas.

Queda claro, entonces, que no se trata de derribarlo todo con la mirada codiciosa puesta en el botín de plazas disponibles, como es evidente que fomentan algunos desde canteras políticas conocidas. Tampoco es cuestión de concentrar el fuego en el mensajero –el periodismo– para distraer la atención del mensaje: hay manzanas podridas en el Poder Judicial. Hay manzanas podridas en los tres poderes del Estado.

Tan podridas que el hedor es insoportable para la nación y ha quedado en evidencia la escasa o nula voluntad política de quienes tienen hoy la sartén por el mango en los tres poderes del Estado: el presidente Vizcarra, el Congreso de la República, la CNM. Por algo los pies de plomo, no parece inocente la extrema pachorra ni libre de culpas las acciones que distraen del fondo del asunto. Está en sus manos demostrar lo contrario.

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