A las encuestas se les ha dado siempre una importancia relativa. Tienen un sentido en los contextos electorales, cuando el ánimo popular es determinante; adquieren otra consistencia cuando se asume un mandato, cuando los gobernados ya tomaron su decisión. Por eso, no se debe gobernar para los sondeos de opinión.

 

Pero eso no quiere decir que cuando se gobierna se deba dar la espalda a la voz ciudadana. Un gobernante debe seguir sintonizando con las aspiraciones de sus gobernados. Porque quizás estos no tengan muy claro cuál es el camino que se deba tomar, pero sí conocen cuál es el destino al que quieren llegar.

Hoy que las encuestas favorecen al presidente Martín Vizcarra con un notable impulso en su aprobación y a los anuncios que realizó en su discurso del 28 de julio, se puede confirmar la importancia de presidir el país escuchando la voz del pueblo, pero también la necesidad de seguir los procedimientos que las leyes establecen.

Porque quizás los ciudadanos no tengan muy claro cuál es el camino que se deba tomar, pero sí conocen cuál es el destino al que quieren llegar.

Porque las calles gritan a su paso que cierre el Congreso, pero ese no es el camino correcto. El camino es el que Vizcarra viene tomando, de presentar los proyectos prometidos al Legislativo en un corto plazo de diez días, con la expectativa de que se debatan con la misma rapidez. La senda de tomar el toro por las astas con amabilidad pero con firmeza.

También es coherente con esa sintonía que el presidente recorra el país concientizando a la población acerca de las reformas que ha propuesto someter a referéndum, para que sea esta la que custodie las reformas judiciales y políticas solicitadas. El primer mandatario debe ser el primer comunicador, y hacerlo con palabras y gestos, como este de ir a pie desde Palacio hacia el Parlamento a entregar sus proyectos.

No se debe gobernar para los sondeos de opinión, para las encuestas de popularidad, solo para que estas sean favorables, pero sí para devolver confianza a los gobernados, para transmitirles la señales que necesitan en medio de crisis como la que vivimos, defraudados como estamos por aquellas autoridades a quienes se depositó la fe en la justicia y en la representación.

Pese al exabrupto de la víspera, Salaverry recibió al mandatario y recibió los proyectos llevados personalmente al Parlamento.

El mensaje del diálogo incansable pese a exabruptos como el del presidente del Congreso, que la víspera calificó de “golpe bajo” y “poco elegante” la visita que Vizcarra mientras Fuerza Popular realizaba su cónclave en Cieneguilla, empieza a dar sus frutos: hoy el mandatario fue recibido por Daniel Salaverry y las aguas volvieron a la calma.

Es así como se debe recuperar la confianza. Ojalá que el retiro político al que se han sometido los partidarios de Keiko Fujimori en estos últimos dos días les haya permitido sintonizar también con el ánimo colectivo, porque a ellos las encuestas igual le han expresado su mensaje: un 81 por ciento desaprueba el rol de su lideresa.