A diferencia de la época del último régimen dictatorial que vivió el Perú, ya no es tan fácil ni tan sencillo manejar u ocultar información del público. Las nuevas generaciones, y sobre todo la generación posdictadura fujimorista, han crecido junto con la expansión global del internet, el nacimiento y masificación de las redes sociales a través de las cuales los internautas hacen uso de su libertad de expresión, opinión e información sin restricción alguna.

 

Esta es una generación empoderada con el acceso ilimitado a toda clase de información a nivel mundial, y en donde no falta el periodismo ciudadano, ese que registra en el celular y viraliza las faltas e injusticias que se cometen en el día a día, el que reclama sus derechos y lo publica en las redes sociales y se ha llevado de encuentro incluso a grandes trasnacionales.

Resulta inconcebible por eso que, a estas alturas del avance tecnológico la clase política crea que puede, como en los 90, sembrar tan fácilmente psicosociales o apelar a la posverdad. Basta con que algún político tuitee 280 caracteres erigiéndose defensor de la moralidad y la ética para que algún internauta bucee en la red, rebusque en su pasado (o presente) y le refresque con algún sarcástico meme la frágil memoria, o simplemente lo desmienta en tiempo real, como sucedió hoy con el congresista Daniel Salaverry.

 

Peor aún, que la respuesta de muchos políticos haya sido la censura, el bloqueo o hasta la difamación contra ciudadanos de a pie, a periodistas e incluso a sus propios colegas. Emblemático ha sido el caso de las legisladoras Indira Huilca y Marisa Glave por el hashgtag #PeruPaísdeVioladores y a Kenyi Fujimori, a quienes el Congreso les abrió un proceso, y en el caso del último haciéndose acreedor de la suspensión partidaria. No hay nada más peligroso para la libertad de expresión, de opinión y la democracia, que la censura en cualquier forma.

Allí es donde fallan todas las estrategias y lecturas de los actores políticos e incluso de los opinólogos: minimizan el poder de la protesta online y su efecto influenciador, sobre todo en los más jóvenes.  Un artículo publicado en la web de Unicef por Pierre Omidyar por el caso de WikiLeaks señala que la protesta online de mil personas puede tener el efecto de seis millones; de eso ya hace cuatro años y cada vez el poder la protesta online crece más.

En el año 2010 en Egipto, lo que llamaríamos nosotros “colectivos”, hicieron diversas convocatorias a través de las plataformas de YouTube y Facebook, como resultado, veinticinco mil personas tomaron la plaza Tahrir, y de ahí la revolución. ¿Quién no recuerda a los #indignados de España?  La ocupación de los #Indignados que empezó el 15 de marzo de 2011 duró meses.

La sociedad ha cambiado, la forma de protestar también. Y hasta podría se podría teorizar que eso ha llevado a que las posturas políticas evolucionen también. Eso de derecha, izquierda, rojo, centro, caviar, “ya fue”, o como dicen los chicos “es tan de los ochenta”. La pluralidad es la base de la democracia y no hay nada más democrático que el internet.

Ciudadanos se reunieron en la Plaza San Martín para protestar. ¿La consigna? Muchas y diversas (Foto: Mary Sáenz).

No se puede pretender hacer una campaña política en redes para ganar un puesto, y luego que ese ciberpúblico no use las redes para ejercer su derecho a protesta.

Tal como sucedió en Brasil y España, la protesta no fue –ni tiene que ser– uniforme, nunca antes hubo tanta pluralidad, pero lo que si hubo fue una indignación generalizada, que luego se trasladó a las calles, con los resultados que conocemos.

Por eso, ya es hora de que los actores políticos y estrategas pongan al día con la realidad, pues, una “marchita de mierda” puede convertirse, con la pauta adecuada, en una verdadera Fuenteovejuna.

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Escritora en temas gastronómicos y de bebidas. Fotógrafa aficionada y bloguera. Con estudios en literatura, ha sido redactora y es actual editora del portal especializado La Yema del Gusto desde 2012. Directora adjunta de la campaña Semana del Chilcano también desde el 2012, Dedicada a la difusión del pisco y la coctelería peruana.