Hay que concederle la razón al sátrapa venezolano cuando le pide al presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski que se ponga de acuerdo consigo mismo.

Le envió una invitación en noviembre; hace un par de semanas señaló que serían los venezolanos radicados en Lima quienes darían a Nicolás Maduro la “bienvenida” que se merece, pero a los pocos días lo desinvita de la Cumbre de las Américas. ¿Quién entiende a este señor que nos preside?

No obstante, es nuestro legítimo presidente en ejercicio, y se equivoca el dictador llanero al poner en entredicho esa condición citando encuestas de popularidad o sus problemas con el idioma español. Con esa clase de criterios, Maduro tendría todas las de perder, y para ello sería suficiente consultar el Youtube, poblado de sus frecuentes barrabasadas.

El Grupo de Lima respaldó la decisión de PPK de revocar invitación a Nicolás Maduro para Cumbre de las Américas. (Foto: Andina)

Lo cierto es que el Gobierno de Lima ha decidido, al cabo de todos esos vaivenes, impedirle la visita a la reunión americana, y está en condiciones de hacerlo toda vez que el ingreso al territorio peruano es una prerrogativa para la que no cabe discusión, ni siquiera cuando la condición peruana es la de anfitrión.

La bravata del dictador venezolano es nada más que eso, para generar titulares en los medios, salvo que en verdad pretenda generar un escandalete apareciéndose en el Jorge Chávez o en algún paso fronterizo. En ese caso, le ocurrirá lo que a todo bravucón.

Aunque soberana, respaldada por casi toda la comunidad americana que se dará cita en la Cumbre de marzo, y de obligatorio cumplimiento, esta decisión de la administración Kuczynski ha sido desafortunada, incoherente y poco estratégica para los propósitos democráticos. (¿Una raya más al tigre?).

Es notorio –y los defensores del tiranuelo venezolano se aferran a eso como un náufrago al primer tronco que encuentre– que PPK y el “Grupo de Lima” no miden con la misma vara a todos los regímenes igualmente autocráticos, pues reciben y admiten a los representantes de Corea del Norte, China y hasta Cuba, que cojean del mismo pie.

No es más democrático, por cierto, considerar un atenuante que estos regímenes se manejen económicamente bajo lineamientos capitalistas (o vayan mostrando cierta desesperada apertura, como el caso cubano), pero con mano de hierro en materia de derechos humanos, que cuando la progresía justifica los horrores del chavismo, el kirchnerismo o el correísmo bajo la careta de la justicia social.

Si Nicolás Maduro recala en Lima, conocerá el repudio no solo de los venezolanos radicados en Lima, sino de todos los demócratas.

Mucho más estratégico en términos democráticos habría sido dejar que la comunidad internacional se dé un baño de realidad con el “recibimiento” que con toda seguridad los hermanos venezolanos asilados en Lima le darían al dictador, sin duda acompañados de los peruanos que no justificamos ninguna tiranía bajo ningún concepto.

Yo sí quiero que venga Maduro. Por aire, por mar o por tierra, como él dice. Que arribe a una tierra libre. No exenta de problemas y contradicciones, sin duda. De corrupción, nadie lo niega, pero imbuida de un espíritu democrático y americanista.

Yo sí quiero que llegue a la Cumbre de las Américas, y conozca en qué medida y con qué profundidad los peruanos, y los hermanos de otras naciones del continente, repudiamos con toda el alma todas las artimañas e infamias con que el chavismo ha construido un remedo de democracia y ha embargado los más elementales derechos de los ciudadanos de ese hermoso país. Que venga y se vaya bajo el oprobio que le toca tragarse, de quien sembró vientos y cosechó tempestades.

repudiamos con toda el alma todas las artimañas e infamias con que el chavismo ha construido un remedo de democracia y ha embargado los más elementales derechos de los ciudadanos de ese hermoso país.

No queremos más en el continente dictaduras de ninguna clase. Ni de derecha ni de izquierda. Ni del mercantilismo rebautizado como neoliberalismo ni del comunismo camuflado de nacionalismos. Bajo ningún pretexto. Nunca más colonialismos: ni del capitalismo de amigotes ni de la progresía; bajo los mantos engañosos de la globalización a ultranza uno, y la “justicia supranacional” que suplanta y relega la soberanía de las naciones, la otra.

Una América libre para el libre desarrollo de los pueblos, de los ciudadanos, que somos quienes creamos riqueza, quienes irrumpimos con nuestra fuerza y generamos desde abajo oportunidades para derrotar la pobreza, el desempleo, la falta de educación y de salud, sin esperar migajas o protección de nadie.

Que venga Maduro y conozca nuestra voz.