Sotelo: tradición, pisco y enoturismo en Ica

Sotelo tradición, pisco y enoturismo en Ica

Cuando se habla de Ica, casi siempre pensamos en sus viñedos, el pisco y esa tradición que lleva años formando parte de la región. Justamente dentro de ese entorno se encuentra Sotelo, una bodega familiar que ha ido creciendo con el tiempo y que hoy mantiene muy presente esa conexión con la producción vitivinícola de la zona.

Detrás de sus piscos y vinos hay bastante más que una botella terminada. Todo empieza desde el trabajo con la uva y continúa con distintos procesos de elaboración que requieren tiempo, cuidado y experiencia. En Sotelo, esa forma tradicional de trabajar se ha ido complementando con nuevas prácticas y una propuesta que busca mantenerse vigente sin dejar de lado sus raíces.

Pero conocer Sotelo no significa únicamente conocer sus productos. La marca también ha abierto sus espacios para quienes quieren acercarse un poco más a este mundo, recorrer sus viñedos, conocer parte del proceso y participar en degustaciones. Así, una visita a la bodega se convierte también en una manera de descubrir otra parte de Ica y entender mejor todo lo que existe detrás de su tradición pisquera y vitivinícola.

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Historia familiar de Bodega Sotelo desde 1927

Sotelo: una historia familiar que comenzó en 1927

La historia de Sotelo tiene uno de sus primeros capítulos en 1927. Según la propia bodega, fue en ese año cuando Cipriano Vásquez fundó la Bodega Loyola, dando inicio a una historia familiar relacionada con la producción vitivinícola en Ica. Sin embargo, como ocurre con muchas empresas familiares de larga trayectoria, el camino no fue completamente lineal.

En 1932, una situación familiar difícil provocó que la bodega dejara de tener continuidad durante varias décadas. Años después, Julio Sotelo Vásquez, quien había conservado los recuerdos de su infancia y de aquella tradición, decidió recuperar ese vínculo con la producción de pisco. En 1972 reconstruyó la antigua bodega y comenzó nuevamente a producir bajo la marca Kuntur.

El proyecto continuó evolucionando. Tras el fallecimiento de Julio Sotelo Vásquez en 1985, su hijo, el ingeniero Julio Sotelo Alca, asumió el control de la bodega. Este relevo generacional permitió mantener la actividad y, al mismo tiempo, preparar el camino para una nueva etapa.

Uno de los momentos más importantes llegó en 2005, cuando se registró oficialmente la marca Sotelo. A partir de ese momento también se desarrolló un proceso de modernización de la bodega, incorporando tecnología sin dejar de lado los métodos tradicionales vinculados a la elaboración del pisco. La propia empresa señala que esta evolución buscó mantener un equilibrio entre innovación, tradición y respeto por el entorno.

Esa historia ayuda a entender por qué la marca no se presenta únicamente como una empresa que produce bebidas. Existe detrás una narrativa familiar construida alrededor de la continuidad, la recuperación de una tradición y la adaptación a nuevas formas de producir y relacionarse con los consumidores.

Una bodega donde tradición e innovación conviven

Conservar una tradición no significa necesariamente hacer las cosas exactamente igual durante décadas. En una actividad como la producción vitivinícola, evolucionar también implica mejorar controles, actualizar procesos y buscar nuevas formas de garantizar consistencia sin perder las características propias del producto.

Eso es precisamente uno de los aspectos que Sotelo destaca en su propuesta. La empresa señala que trabaja con uvas seleccionadas y que controla distintas etapas del proceso de producción, desde la materia prima hasta la elaboración final. Al mismo tiempo, mantiene técnicas relacionadas con la tradición pisquera que han sido transmitidas dentro de la familia.

La bodega también cuenta con certificaciones internacionales de Buenas Prácticas de Manufactura y trazabilidad. Según Sotelo, estas respaldan el control y la higiene durante el proceso, desde la selección de la uva hasta la destilación final.

La combinación entre procesos tradicionales y herramientas modernas permite responder a una necesidad importante: mantener la identidad del producto sin dejar de adaptarse a estándares actuales. Para una marca con una historia familiar extensa, encontrar ese equilibrio puede ser determinante para seguir creciendo sin perder el vínculo con aquello que le dio origen.

En ese sentido, Sotelo no plantea tradición e innovación como ideas opuestas. Ambas forman parte del mismo proceso. Mientras una aporta experiencia, conocimiento y conexión con la tierra, la otra permite mejorar la producción, explorar nuevas propuestas y llegar a nuevos mercados.

Viñedos de Ica relacionados con la producción de pisco y vino

Ica, un territorio que forma parte de la identidad de Sotelo

Es difícil comprender la propuesta de Sotelo sin hablar de Ica. La región tiene una relación histórica con la producción de uvas, vinos y pisco, y sus condiciones naturales han permitido que la vitivinicultura se convierta en una actividad profundamente relacionada con su identidad.

El clima seco, la presencia constante del sol y las características de sus suelos crean condiciones favorables para el cultivo de la vid. La propia bodega destaca que Ica cuenta con más de 300 días de sol al año, poca humedad y lluvias escasas, factores que favorecen el desarrollo de uvas con características adecuadas para la producción vitivinícola.

Esa relación con Ica también se extiende al turismo. La bodega ofrece recorridos por sus espacios, visitas guiadas, degustaciones y experiencias frente a los viñedos para quienes quieren conocer más de cerca la producción de pisco y vino.

El territorio forma parte importante de la identidad de la marca. La uva proviene de una región estrechamente relacionada con la producción de pisco y vino, y esa conexión con Ica se refleja tanto en sus productos como en las experiencias que ofrece a sus visitantes.

Esa conexión también puede vivirse de forma directa durante la visita. Recorrer los viñedos, conocer parte del proceso y observar el entorno donde se desarrolla la producción ayuda a entender mejor el vínculo entre Sotelo, el pisco y la región de Ica.

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Productos de Sotelo entre piscos, vinos y otras propuestas

Una propuesta que va más allá del pisco tradicional

Aunque el pisco ocupa un lugar central dentro de la identidad de Sotelo, la oferta de la bodega es bastante más amplia. Su carta incluye piscos, vinos, macerados y cócteles, lo que le permite acercarse a diferentes perfiles de consumidores y ocasiones de consumo.

Esta variedad también refleja una evolución de la marca. Quien conoce Sotelo puede encontrar alternativas tradicionales, como un pisco puro Quebranta, pero también propuestas que combinan distintas variedades de uva o productos orientados a quienes buscan sabores más suaves, dulces o diferentes.

La amplitud de la carta hace posible que una misma bodega se relacione con públicos distintos. Hay quienes buscan una botella para preparar un pisco sour en casa, personas interesadas en degustar el destilado puro, consumidores que prefieren vinos y visitantes que desean probar algo nuevo durante un recorrido por la bodega.

Pisco puro Quebranta, una expresión clásica

Entre las propuestas de Sotelo se encuentra el Pisco Puro Quebranta, elaborado con una de las variedades de uva más relacionadas con la producción pisquera peruana.

Según la descripción de la propia bodega, este pisco presenta un perfil frutal en el que aparecen notas relacionadas con manzana, membrillo, plátano, melocotón y miel. En boca mantiene características frutales y un cuerpo marcado, por lo que puede utilizarse tanto para beberlo solo como para preparar cócteles clásicos.

Este tipo de producto representa una entrada directa a una expresión tradicional del pisco. Para una persona que empieza a conocer el mundo pisquero, entender las diferencias entre variedades también puede convertirse en parte de la experiencia.

El equilibrio de un Acholado de cinco cepas

Otra propuesta destacada es el Pisco Acholado de cinco cepas. En este caso, Sotelo combina Quebranta con variedades aromáticas como Italia, Torontel, Albilla y Moscatel.

El resultado busca equilibrar cuerpo y aroma, aprovechando características distintas de cada uva. La marca describe notas frutales como manzana, plátano, mandarina y melocotón, además de matices que aparecen durante la degustación.

Los acholados permiten precisamente jugar con esa combinación de perfiles. En lugar de expresar una sola variedad, reúnen diferentes uvas para construir una identidad particular. Para quienes disfrutan comparando piscos o explorando nuevas alternativas, este tipo de propuesta amplía bastante la experiencia.

Mosto verde y otras alternativas

La carta también incorpora piscos Mosto Verde. A diferencia de otros tipos de pisco, este estilo se elabora a partir de mostos cuya fermentación no ha concluido completamente antes de la destilación.

Sotelo cuenta, por ejemplo, con un Mosto Verde Acholado que la propia marca describe como suave, dulce y equilibrado, con presencia de notas frutales. Está orientado tanto a degustaciones como a cócteles de perfil más elaborado.

La existencia de este tipo de variantes muestra que dentro de una misma categoría pueden encontrarse experiencias bastante distintas. Para el consumidor, aprender a reconocer esas diferencias también puede convertirse en una forma de valorar mejor el trabajo detrás de cada botella.

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Vino servido en un entorno de viñedos

Los vinos también forman parte de la propuesta

Aunque gran parte de la identidad de Sotelo gira alrededor del pisco, los vinos ocupan también un lugar importante dentro de su oferta. En su tienda aparecen alternativas blancas, rosadas, dulces y semisecas elaboradas con distintas variedades de uva.

Uno de los productos que destaca por su vínculo con la tradición local es el vino rosado dulce Quebranta denominado “Perfecto Amor”. La bodega lo presenta como una mistela vinculada a la tradición del Valle de Quilloay, en Ica, y lo describe como una alternativa de perfil dulce pensada para acompañar aperitivos o postres.

Este tipo de productos ayuda a mostrar otra dimensión de la vitivinicultura iqueña. La misma uva que puede ser protagonista en la elaboración de un destilado también puede dar origen a propuestas completamente distintas según el proceso utilizado.

Para una bodega familiar, contar con varias categorías permite además mantener una relación más amplia con quienes la visitan. Una persona puede llegar buscando pisco y terminar descubriendo un vino que no conocía, mientras que otra puede acercarse inicialmente por una experiencia turística y después interesarse por los productos.

Esa diversidad ayuda a que la visita o el contacto con la marca no se limite a una sola botella. La experiencia se vuelve más amplia y permite conocer diferentes formas de trabajar con la uva.

Reconocimientos que acompañan la trayectoria de Sotelo

Una historia extensa puede ser importante para una marca, pero también necesita estar acompañada por resultados que respalden el trabajo actual. En ese aspecto, Sotelo comunica haber obtenido más de 45 medallas de oro y plata a lo largo de su trayectoria.

La bodega también destaca certificaciones internacionales relacionadas con Buenas Prácticas de Manufactura y trazabilidad. Estos reconocimientos y controles refuerzan la intención de mantener estándares dentro del proceso de producción.

Además, la marca indica que actualmente exporta a mercados como Bélgica, Honduras y España. La presencia fuera del país amplía el alcance de una propuesta que tiene su origen en Ica y que busca llevar productos peruanos a consumidores internacionales.

El crecimiento hacia otros mercados también implica nuevos desafíos. Mantener la consistencia, responder a estándares comerciales y preservar las características del producto son aspectos importantes cuando una marca comienza a llegar a públicos que quizá no tienen la misma familiaridad con el pisco que un consumidor peruano.

En ese contexto, cada botella puede convertirse también en una pequeña presentación de la tradición vitivinícola nacional. Para alguien que descubre el pisco fuera del Perú, el producto funciona como un primer acercamiento a una bebida profundamente relacionada con la historia y cultura del país.

Visita de enoturismo en un viñedo

Enoturismo: conocer el pisco desde el lugar donde nace

Una botella puede contar parte de una historia, pero visitar una bodega permite entenderla desde otra perspectiva. Por eso, uno de los aspectos más interesantes de Sotelo es su apuesta por el enoturismo.

La bodega ofrece visitas guiadas en las que los asistentes pueden conocer distintos momentos del proceso de elaboración del pisco y el vino. Durante el recorrido se aborda la selección de la uva, la producción y la destilación, además de la historia familiar de la marca. La experiencia termina con una degustación de productos representativos de la casa.

Según la información publicada por Sotelo, estos recorridos tienen una duración aproximada de entre 45 minutos y una hora y están dirigidos tanto a familias como a turistas nacionales, extranjeros y personas interesadas en conocer más sobre el pisco.

Este tipo de visita cambia por completo la relación con el producto. En lugar de observar únicamente una etiqueta, el visitante puede entender qué ocurre antes de que la bebida llegue a la botella.

También permite realizar preguntas, comparar sabores y aprender sobre elementos que muchas veces pasan desapercibidos para un consumidor habitual. El resultado es una experiencia educativa, pero también recreativa.

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Degustación al aire libre frente a los viñedos

Degustaciones al aire libre frente a los viñedos

El enoturismo de Sotelo no se limita al recorrido por las instalaciones. La marca también ofrece experiencias de picnic y degustación en espacios frente a los viñedos.

La propuesta combina piscos, vinos y macerados con piqueos y productos locales, en un ambiente pensado para compartir con pareja, amigos o familia.

Este formato hace que la visita vaya más allá de una degustación tradicional y permite disfrutar los productos de la bodega dentro del mismo entorno de los viñedos.

Sentarse frente a un viñedo, probar productos de la propia bodega y conocer más sobre la historia detrás de ellos crea una relación mucho más cercana con la marca. Además, el paisaje de Ica aporta un componente visual que complementa la experiencia.

Para quienes viajan desde Lima u otras ciudades, este tipo de actividad puede convertirse en parte de una escapada de fin de semana. La visita deja de ser únicamente “ir a comprar pisco” y se transforma en un plan que combina gastronomía, naturaleza, historia y descanso.

Espacios para eventos y celebraciones

Otra forma en que Sotelo amplía su propuesta es mediante el uso de sus espacios para eventos y celebraciones.

La bodega señala que puede recibir actividades sociales, sesiones fotográficas y eventos privados entre viñedos y barricas. Dentro de las posibilidades se encuentran bodas íntimas, aniversarios, reuniones empresariales, cumpleaños, propuestas especiales y producciones audiovisuales.

Realizar un evento en una bodega ofrece una experiencia diferente a la de un salón convencional. El entorno natural, los viñedos y la relación con la cultura vitivinícola aportan una estética particular que puede convertirse en parte central de la celebración.

Además, para la marca significa abrir nuevas formas de relacionarse con el público. Una persona puede conocer Sotelo inicialmente porque asistió a un evento y, a partir de esa experiencia, interesarse por sus productos, recorridos o historia.

Es una manera de construir vínculos que van mucho más allá de la venta directa.

Alojamiento entre viñedos en Bodega Sotelo

Una experiencia que también incluye alojamiento

Quienes desean extender su visita pueden encontrar también opciones de alojamiento vinculadas a la bodega. Sotelo presenta su propuesta como una alternativa para descansar rodeado de viñedos y disfrutar de un entorno más tranquilo, alejado del ritmo habitual de la ciudad.

Este elemento resulta particularmente interesante dentro de una experiencia de enoturismo porque permite que el visitante no tenga que limitar todo el recorrido a unas pocas horas.

Una estadía más larga facilita combinar actividades, degustaciones, recorridos por Ica y momentos de descanso. También puede resultar atractiva para parejas, familias o pequeños grupos que buscan una experiencia distinta durante un fin de semana.

La posibilidad de integrar alojamiento, visitas guiadas y actividades dentro del mismo entorno fortalece la propuesta turística de la marca. En lugar de ofrecer servicios aislados, Sotelo puede convertirse en parte importante de un itinerario completo por Ica.

Sotelo y una nueva forma de acercarse al pisco peruano

El pisco muchas veces se conoce primero a través de una botella o de un cóctel, pero visitar una bodega permite acercarse al producto desde otra perspectiva. En el caso de Sotelo, esta experiencia también permite conocer el entorno, la historia de la marca y parte del trabajo que existe detrás de sus productos.

Conocer la procedencia de la uva, observar el espacio donde se produce, escuchar la historia de una familia dedicada a la vitivinicultura y probar distintas variedades permite entender el producto desde otra perspectiva.

El pisco puede entenderse entonces como algo más que un ingrediente para un cóctel: también expresa el territorio, el trabajo agrícola y el conocimiento acumulado durante generaciones.

Esa mirada también favorece un consumo más consciente. Entender las diferencias entre un Quebranta, un Acholado o un Mosto Verde puede ayudar a elegir mejor y a disfrutar cada producto de acuerdo con sus propias características.

Para los visitantes extranjeros, además, la experiencia representa una oportunidad de conocer uno de los productos más vinculados con la identidad peruana directamente desde una región productora.

Una marca que busca mantener viva su historia mientras mira hacia adelante

La historia de Sotelo muestra cómo una bodega puede seguir creciendo sin perder de vista todo lo que la hizo empezar. Desde sus primeros años ligados a la producción vitivinícola hasta la etapa actual, la marca ha pasado por distintos cambios, nuevas generaciones y procesos de modernización, pero siempre manteniendo esa relación con Ica y con la tradición familiar.

Hoy, Sotelo reúne piscos, vinos, macerados y otras propuestas, pero también experiencias pensadas para quienes quieren conocer la bodega desde más cerca. Las degustaciones, las visitas y los espacios entre viñedos hacen que el acercamiento a la marca no se quede solo en probar una bebida, sino también en entender un poco más de dónde viene y cómo se trabaja.

Eso es justamente lo que hace interesante su propuesta. Por un lado, está todo el proceso detrás de cada producto; por otro, la historia familiar que se ha ido transmitiendo con los años. Y a eso se suma la experiencia de visitar el lugar, recorrer los viñedos y conocer de forma más cercana una parte de la cultura vitivinícola de Ica.

Para alguien que disfruta del pisco, visitar una bodega como Sotelo puede ser una manera diferente de conocer lo que normalmente solo llega servido en una copa. Si la visita nace más por curiosidad, también hay mucho por descubrir: recorrer los viñedos, conocer el lugar y acercarse un poco a una tradición que forma parte de Ica desde hace muchos años.

Sotelo también deja ver lo que hay detrás de cada botella: años de trabajo, una historia familiar y un vínculo muy cercano con Ica. Esa continuidad, junto con los cambios que la bodega ha ido incorporando con el tiempo, ayuda a entender mejor lo que representa la marca actualmente.

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