Hoy tomar una foto es parte de lo cotidiano. Sacamos el celular, apuntamos y listo. Pero, ¿te has puesto a pensar cómo empezó todo? La fotografía no siempre fue tan simple. Detrás de cada imagen hay una historia larga, llena de pruebas, inventos y descubrimientos que fueron cambiando la forma en que miramos el mundo.
La historia de la fotografía tiene mucho más que fechas o aparatos antiguos. Es el recorrido de una idea que fue tomando forma con el tiempo, desde los primeros intentos por capturar la luz hasta la revolución digital que vivimos ahora. Y conocer ese camino también nos hace valorar lo que hoy tenemos al alcance de la mano.
Porque cada foto tiene su historia… y la fotografía también.
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Los inicios técnicos: la cámara oscura y el deseo de capturar la luz
Desde tiempos muy antiguos, el ser humano ha mostrado un interés casi obsesivo por representar el mundo que lo rodea. Mucho antes de que existieran las cámaras o las técnicas fotográficas modernas, ya había una inquietud: cómo capturar la luz y convertirla en una imagen duradera. Este deseo marcó los primeros pasos de lo que hoy conocemos como la Historia de la fotografía, y fue clave en la evolución del pensamiento científico y artístico.
La necesidad de plasmar la realidad con precisión impulsó inventos y teorías que permitieron comprender mejor el comportamiento de la luz. La observación visual directa, aunque poderosa, no era suficiente para dejar registro de una escena. Así nació una búsqueda técnica que se extendería durante siglos y que sería el punto de partida para una revolución visual sin precedentes. Capturar la luz fue primero un sueño, luego una necesidad y, finalmente, una ciencia.
La cámara oscura: el dispositivo que inició todo
Uno de los descubrimientos más relevantes en los orígenes de la fotografía fue la cámara oscura, considerada por muchos como la madre de todas las cámaras. Aunque este dispositivo no permitía guardar imágenes, su funcionamiento aportó las bases ópticas que hicieron posible la invención fotográfica siglos después. Se trataba de una caja cerrada o incluso una habitación oscura con un pequeño orificio por el cual entraba la luz. Esa luz proyectaba en la pared opuesta una imagen invertida del exterior.
Su existencia se remonta al siglo V a.C., cuando el filósofo chino Mozi describió este fenómeno óptico. Más tarde, Aristóteles también lo observó en el siglo IV a.C. La cámara oscura fue evolucionando con el tiempo y, para el siglo XIII, ya era una herramienta de estudio en la óptica medieval. Este invento representó el primer acercamiento técnico hacia la idea de “ver sin pintar”, anticipando la esencia de la fotografía moderna.
¿Cómo funcionaba la cámara oscura?
El principio óptico detrás de la cámara oscura es sorprendentemente simple, pero a la vez ingenioso. Se necesitaba una caja o habitación completamente cerrada, con un pequeño agujero —generalmente de entre 1 y 5 milímetros de diámetro— en una de sus paredes. La luz exterior pasaba a través de este orificio y proyectaba una imagen invertida y en espejo sobre la superficie interna opuesta. Esta imagen no era permanente, pero tenía un alto grado de realismo en cuanto a proporción, perspectiva y profundidad.
A medida que se perfeccionó su uso, comenzaron a incorporarse lentes convexas en la apertura para mejorar la definición de la proyección. En algunos modelos más avanzados, incluso se añadían espejos inclinados que permitían observar la imagen en posición vertical. El funcionamiento de la cámara oscura sentó las bases para la comprensión del paso de la luz a través de lentes, un principio que más adelante sería fundamental en las cámaras fotográficas.
Datos clave:
- La cámara oscura fue el primer acercamiento técnico para representar imágenes sin necesidad de pintura.
- Este dispositivo no permitía conservar imágenes, pero revolucionó el entendimiento sobre la luz y la óptica.
- Su uso se extendió desde aplicaciones científicas hasta herramientas para artistas en la Edad Media y el Renacimiento.
- La evolución del dispositivo con lentes y espejos anticipó principios ópticos esenciales para las cámaras actuales.
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El primer gran salto: cuando la fotografía se hizo posible
La fotografía tal como la conocemos comenzó a tomar forma en el siglo XIX, cuando los avances científicos y técnicos hicieron posible lo que antes solo era un sueño: capturar la luz de manera permanente. Si bien los experimentos con la cámara oscura sentaron las bases, fue en este siglo cuando la fotografía dio su primer gran salto. El inventor que logró este avance crucial fue Joseph Nicéphore Niépce, un hombre de visión y perseverancia. En 1826, Niépce consiguió fijar una imagen sobre una placa de estaño recubierta de betún de Judea, utilizando un proceso llamado heliografía. La imagen resultante, conocida como «Vista desde la ventana en Le Gras», se considera la fotografía más antigua del mundo.
Niépce no solo dio el primer paso hacia la fotografía, sino que también demostró que era posible inmortalizar una imagen. Sin embargo, su proceso era largo y complejo, ya que la exposición requería más de ocho horas de exposición directa a la luz. Aunque revolucionario, este primer intento de inmortalizar la luz requería grandes mejoras en cuanto a tiempo y calidad de la imagen.
Louis Daguerre y el daguerrotipo: el perfeccionamiento del proceso fotográfico
Poco después de los logros de Niépce, el francés Louis Daguerre dio un paso fundamental en la historia de la fotografía. En 1839, presentó su invento: el daguerrotipo, un proceso que permitía obtener imágenes mucho más claras y detalladas en tiempos mucho más cortos. A diferencia del proceso de Niépce, el daguerrotipo utilizaba una placa de cobre recubierta de plata que era sensibilizada con vapores de yodo. Este proceso resultaba en una imagen de alta definición, capaz de capturar detalles nunca antes vistos. La exposición en este caso era de solo unos pocos minutos, lo que representó una mejora significativa.
El daguerrotipo no solo marcó un avance técnico, sino que también fue el primero en ser comercializado. Pronto se hizo popular en Europa y América, y se convirtió en la primera forma accesible de fotografía. La imagen era única y no se podía reproducir, lo que aumentó su valor. Aunque costoso y algo frágil, el daguerrotipo hizo que la fotografía se acercara más a lo que hoy entendemos como una imagen fija y perdurable. Este invento, aunque en su época se limitaba a placas metálicas, abrió el camino para futuras innovaciones. Así como con el avance del cine surgieron tradiciones como brindar con tazas personalizadas después de funciones especiales, haciendo de cada estreno un evento memorable, el daguerrotipo también celebró la creación de recuerdos que perdurarían en el tiempo.
Datos clave:
- En 1839, Louis Daguerre presentó el daguerrotipo al público.
- El proceso de exposición para una imagen de calidad se redujo a entre 3 y 5 minutos, un avance considerable respecto al proceso previo de Niépce.
- El daguerrotipo fue un éxito comercial durante las primeras décadas del siglo XIX.
El inicio oficial de la fotografía
La creación del daguerrotipo fue el primer gran hito en la historia de la fotografía tal como la conocemos. Aunque la técnica tenía limitaciones, como la necesidad de mantener la imagen en una placa única y no poder reproducirla, su aparición permitió que el mundo empezara a ver imágenes de la realidad de manera rápida y efectiva. Esta tecnología también influyó en otros inventos y experimentos fotográficos que vendrían después, y su impacto no se detuvo en la industria artística, sino que también transformó el mundo de la ciencia, la medicina y la documentación histórica.
El daguerrotipo abrió la puerta a la fotografía como un medio serio y accesible, aunque su coste aún lo hacía una opción solo para personas de clases altas. Sin embargo, la popularidad que alcanzó y las mejoras posteriores sentaron las bases de una industria que crecería exponencialmente. Este avance en el siglo XIX marcó el inicio de una revolución visual que transformaría el mundo.
Mejores métodos, nuevas posibilidades
Con el paso del tiempo, la historia de la fotografía fue evolucionando gracias a nuevos métodos que no solo mejoraron la calidad de las imágenes, sino que también abrieron el camino para una mayor accesibilidad. Uno de estos avances clave fue el calotipo, inventado por Henry Fox Talbot en 1841. Este proceso introdujo la técnica del negativo, lo que permitió a los fotógrafos crear varias copias de una misma imagen. A diferencia de los métodos anteriores, como el daguerrotipo, que producían una sola imagen en cada placa, el calotipo permitía reproducir las fotografías una y otra vez, lo que supuso una auténtica revolución.
El calotipo se basaba en el uso de papel sensibilizado a la luz, lo que facilitaba su manipulación en comparación con las placas metálicas utilizadas en el daguerrotipo. Este avance significó un cambio radical, ya que las fotografías dejaron de ser únicas y comenzaron a convertirse en copias que podían ser distribuidas, democratizando así el acceso a las imágenes.
El colodión húmedo: mayor definición, pero con rapidez
Poco después del calotipo, apareció el colodión húmedo, una técnica que mejoraba significativamente la nitidez y definición de las imágenes. Este proceso se utilizaba con una placa de vidrio recubierta de una solución de colodión (una especie de gelatina) y una emulsión fotosensible, que debía ser preparada y expuesta mientras estaba húmeda. La técnica requería rapidez, ya que las placas no podían ser almacenadas por mucho tiempo antes de ser expuestas y reveladas, lo que hizo que este proceso fuera más exigente y delicado.
Aunque el colodión húmedo tenía una calidad mucho más alta que los procesos anteriores, su principal desventaja era la necesidad de preparar y revelar las placas en el mismo lugar, lo que dificultaba la movilidad de los fotógrafos. Sin embargo, mejoró la calidad de las imágenes y se mantuvo vigente durante varias décadas, antes de ser reemplazado por métodos más prácticos. Este avance representó un punto crucial en la evolución de la fotografía, ya que permitió obtener imágenes con una mayor resolución y detalle, lo que hacía que la fotografía se fuera acercando más a la realidad visual que conocemos hoy.
Las placas secas: un paso hacia la práctica
En la segunda mitad del siglo XIX, la llegada de las placas secas supuso un avance fundamental para la Historia de la fotografía. Estas placas reemplazaron al colodión húmedo y ofrecieron un método mucho más práctico y accesible para los fotógrafos. A diferencia de los procesos anteriores, las placas secas podían ser almacenadas y transportadas sin la necesidad de ser reveladas inmediatamente, lo que permitió a los fotógrafos tener mayor libertad y flexibilidad en sus trabajos.
Las placas secas mejoraron la calidad de las imágenes y redujeron significativamente el tiempo y el esfuerzo necesarios para la toma y revelado de las fotografías. Este avance hizo que la fotografía se volviera más accesible, permitiendo que más personas pudieran experimentar con la cámara y documentar su realidad de manera más sencilla y eficaz. Este fue uno de los momentos clave en los que la fotografía dejó de ser una curiosidad científica o una herramienta de lujo para convertirse en una práctica más generalizada y al alcance de muchos.
Datos clave:
- El calotipo permitió la creación de múltiples copias a partir de un solo negativo.
- El colodión húmedo, aunque con más definición, requería rapidez en su uso debido a la naturaleza de la emulsión.
- Las placas secas facilitaron la labor del fotógrafo al eliminar la necesidad de procesar las imágenes de inmediato.
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El color entra en escena: la revolución de las imágenes en color
Durante muchos años, la Historia de la fotografía estuvo marcada por imágenes en blanco y negro. Aunque estas fotografías eran capaces de capturar la esencia de los momentos, no lograban reflejar completamente la realidad tal como la percibimos. El deseo de ver las imágenes tal como las veíamos con nuestros propios ojos llevó a los fotógrafos a experimentar con el color. Los primeros intentos, sin embargo, fueron complicados y costosos. Se trataba de procesos que implicaban la pintura manual de las imágenes en blanco y negro o la utilización de filtros de color, lo que hacía que cada foto fuera una tarea ardua y poco práctica.
Estos métodos iniciales eran demasiado laboriosos para ser considerados viables a gran escala, pero sentaron las bases para la búsqueda de una forma más eficiente y accesible de capturar el color en las imágenes. La fotografía en color, aunque no estaba al alcance de todos, ya comenzaba a despertar el interés de fotógrafos, científicos e inventores, que buscaban un método más directo y fiable.
El Autochrome y el comienzo de la fotografía en color comercial
A comienzos del siglo XX, el Autochrome fue el primer proceso comercial de fotografía en color que realmente ganó popularidad. Este sistema fue inventado por los hermanos Lumière en 1903 y se basaba en la utilización de gránulos de almidón de patata teñidos que actuaban como filtros de color. A diferencia de los métodos anteriores, el Autochrome permitía crear imágenes en color de manera más sencilla, y su proceso era accesible para una mayor cantidad de fotógrafos, aunque aún requería un equipo especializado.
A pesar de las limitaciones tecnológicas de la época, el Autochrome marcó un hito en la Historia de la fotografía, ya que hizo posible la captura de imágenes en color sin la necesidad de técnicas complicadas ni intervención manual. Este avance permitió que las fotografías en color empezaran a ganar terreno, especialmente en retratos y paisajes, y fueron un paso crucial hacia la popularización de la fotografía a color en las décadas siguientes.
El impacto emocional del color en las fotografías
La introducción del color en la fotografía no solo fue un avance técnico, sino también una revolución emocional. Las imágenes en blanco y negro, aunque poderosas y evocadoras, no podían transmitir la misma dimensión emocional que una imagen a color. Ver una fotografía en color generaba una conexión distinta con el espectador, ya que le permitía revivir el momento capturado de una manera más vívida y cercana. Los colores reflejaban la esencia de lo que se veía en la vida real, y esto permitía una experiencia más inmersiva al observar las fotografías.
Con el tiempo, la fotografía en color se fue perfeccionando y popularizando. A medida que los procesos se hicieron más accesibles y económicos, las imágenes en color se fueron convirtiendo en la norma. Esto no solo cambió la manera en que las personas veían el mundo a través de las cámaras, sino que también transformó el arte de la fotografía en una forma de expresión aún más rica y profunda. Hoy en día, las imágenes en color son la norma, y su impacto sigue siendo tan potente como lo fue cuando se introdujeron por primera vez.
Datos clave:
- El primer proceso comercial de fotografía en color fue el Autochrome, desarrollado por los hermanos Lumière en 1903.
- Las imágenes en color comenzaron a ser más comunes a principios del siglo XX, pero solo en las décadas posteriores fueron realmente accesibles al público masivo.
- El color trajo una nueva dimensión emocional a las fotografías, permitiendo una conexión más profunda con los recuerdos capturados.
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El giro digital: la revolución de la fotografía digital
A finales del siglo XX, la Historia de la fotografía dio un giro trascendental con la llegada de la fotografía digital. Con las cámaras tradicionales, era necesario revelar un rollo de película, lo que significaba que los fotógrafos debían esperar varios días para ver los resultados de sus fotos. Este proceso no solo era lento, sino también costoso y limitado por la cantidad de imágenes que se podían capturar en un rollo.
Con la introducción de las cámaras digitales, las reglas cambiaron radicalmente. Las imágenes se almacenaban en tarjetas de memoria, lo que permitía verlas al instante, sin necesidad de esperar a que el rollo fuera revelado. Este cambio no solo aceleró el proceso fotográfico, sino que también permitió a los fotógrafos, tanto profesionales como aficionados, experimentar con mayor libertad. La fotografía pasó de ser un proceso que involucraba varios pasos y tiempos de espera a uno instantáneo, donde las imágenes podían visualizarse y ajustarse de inmediato.
Más rápido, más económico y más flexible
El impacto de la fotografía digital fue inmediato. Primero, eliminó la necesidad de gastar en el revelado de rollos de película, lo que hacía que el proceso fuera mucho más económico. Además, las cámaras digitales ofrecían la posibilidad de almacenar cientos de fotos en tarjetas de memoria, lo que aumentó considerablemente la capacidad de captura. Los fotógrafos ya no se veían limitados por el número de fotos que podían tomar, y podían disparar sin preocuparse por agotar el rollo de película.
La flexibilidad también aumentó, ya que las fotos podían revisarse, eliminarse o modificarse al instante, sin necesidad de un laboratorio especializado. La posibilidad de editar y mejorar las imágenes digitalmente abrió un abanico de nuevas oportunidades creativas. Además, la posibilidad de compartir las fotos de manera instantánea a través de computadoras, correos electrónicos o redes sociales cambió la forma en que las personas compartían sus recuerdos. Ya no era necesario esperar semanas para que una foto fuera impresa y enviada por correo; ahora, las imágenes podían ser vistas y distribuidas al instante.
El acceso masivo y la cantidad de imágenes
La llegada de la fotografía digital también democratizó el acceso a la fotografía. Ahora, con una cámara digital o incluso con un teléfono móvil, cualquiera podía capturar cientos de fotos al día sin preocuparse por el costo o el tiempo de espera. Este acceso masivo permitió que más personas se involucraran en la creación de imágenes, desde aficionados hasta profesionales. Además, la facilidad para compartir y almacenar imágenes significó que la cantidad de fotos tomadas a nivel mundial se disparó, generando una enorme cantidad de contenido visual disponible en línea.
Este cambio fue tan significativo que la fotografía digital pronto superó a la fotografía analógica en popularidad. Las cámaras digitales se volvieron más asequibles y accesibles para el público general, lo que llevó a una expansión masiva de la creación de imágenes. Ahora, con solo un clic, cualquiera podía capturar y compartir sus momentos de vida, lo que hizo de la fotografía una parte integral de la vida diaria en la era digital.
Datos clave:
- La fotografía digital eliminó la necesidad de revelar rollos de película, haciendo que el proceso fuera más rápido, económico y flexible.
- La capacidad de capturar cientos de fotos y editarlas al instante cambió el enfoque de la fotografía tradicional.
- Con la popularización de la fotografía digital, cualquier persona con una cámara o teléfono móvil podía capturar y compartir imágenes instantáneamente.
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Fotografía en la era del smartphone: una cámara al alcance de todos
Con la llegada del smartphone, la fotografía vivió una de sus transformaciones más radicales. El teléfono móvil se convirtió en una extensión del ojo humano, siempre listo para capturar cualquier instante. Ya no era necesario cargar con cámaras voluminosas ni esperar por el revelado: bastaba un clic, una pantalla y una buena iluminación para tener una imagen lista para compartir.
Los avances tecnológicos hicieron posible que los smartphones incorporaran cámaras de altísima calidad, con sensores de gran precisión, múltiples lentes, inteligencia artificial y funciones de edición integradas. Esta evolución democratizó la fotografía. Hoy cualquiera puede capturar imágenes con calidad casi profesional, sin conocimientos técnicos avanzados, solo guiado por su intuición y su mirada personal.
Este cambio no solo facilitó el acceso a la fotografía, sino que la convirtió en una práctica cotidiana, natural, casi inconsciente. El acto de tomar una foto pasó a formar parte del día a día, como un reflejo de lo vivido, de lo que se quiere recordar o de lo que se desea compartir con el mundo.
Redes sociales y la fotografía instantánea
El crecimiento de las redes sociales impulsó aún más esta transformación. Instagram, TikTok, Facebook o X no solo son plataformas de interacción, sino vitrinas visuales donde las personas construyen su identidad a través de las imágenes que publican. Cada fotografía es un mensaje, un estado emocional, una parte del relato personal que se desea mostrar al mundo.
La fotografía se volvió espontánea, inmediata y emocional. Ya no se trata únicamente de capturar un momento, sino de compartirlo en tiempo real, de editarlo con filtros, de insertarlo en una narrativa diaria. En este contexto, las imágenes se convierten en elementos vivos que acompañan los estados de ánimo, las celebraciones, las reflexiones o los recuerdos fugaces.
Y esa misma necesidad de capturar emociones también ha trascendido lo digital. Hoy en día, muchas de esas imágenes especiales se incluyen en boxes personalizados que se entregan con detalles pensados para emocionar: pequeñas cajas que guardan no solo objetos, sino también historias, momentos y sentimientos que merecen ser atesorados fuera de la pantalla.
Más que recuerdos: contar historias a través de las imágenes
Hoy la fotografía no solo documenta. Cuenta historias. Cada imagen es un fragmento narrativo, una escena cargada de intención. Ya no basta con mostrar lo que se ve, sino con transmitir lo que se siente. Un gesto, una mirada, un rincón iluminado por la tarde pueden decir mucho más que las palabras. El smartphone se convirtió en una herramienta para narrar visualmente el mundo propio. Las personas encuentran en la fotografía una forma de expresión íntima y auténtica, que les permite conectar con otros desde lo emocional. Ya no se trata de tener una imagen perfecta, sino de capturar una emoción real.
Las fotografías siguen siendo ese puente emocional con nuestros recuerdos más valiosos, pero también se han convertido en parte de lo que regalamos, de lo que compartimos con otros. Porque hay instantes que merecen ser más que una imagen: merecen ser un gesto, un detalle, un recuerdo tangible.
Datos clave:
- Los smartphones han democratizado la fotografía, permitiendo que cualquier persona pueda capturar imágenes de alta calidad en cualquier momento.
- Las redes sociales han transformado la fotografía en una herramienta de expresión visual inmediata, emocional y cotidiana.
- La fotografía hoy va más allá del recuerdo: es una forma de contar historias, transmitir emociones y construir una identidad visual personal, incluso en detalles físicos que acompañan ese valor emocional.
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Lo que viene: el futuro de la imagen
El avance tecnológico no se detiene. Hoy se habla de fotografía computacional, cámaras 3D, sensores inteligentes, realidad aumentada y hasta inteligencia artificial capaz de mejorar o generar imágenes completas. Estas innovaciones están transformando la forma en que se captura, edita y percibe una fotografía, llevando la experiencia visual a niveles que antes parecían ciencia ficción.
Cada vez más, el proceso de tomar una foto no depende solo del lente, sino del software detrás de él. La inteligencia artificial puede ajustar la luz, eliminar imperfecciones o incluso recrear lo que no estaba presente. Esta nueva etapa redefine lo que entendemos por fotografía, acercándola a una experiencia más sensorial, dinámica y profundamente ligada al procesamiento digital.
De la cámara tradicional al dispositivo invisible
Con cada avance, las cámaras tradicionales parecen quedar más atrás. Se proyecta un futuro donde los dispositivos fotográficos estén integrados a lentes, ropa o incluso al cuerpo. Las cámaras invisibles o portátiles podrían ser el nuevo estándar, cambiando no solo cómo se toman las fotos, sino también cuándo y por qué se hacen.
Este cambio abre paso a nuevas formas de mirar. Las imágenes ya no dependerán de un instante consciente, sino que podrían capturar experiencias de forma continua. La fotografía, entonces, podría convertirse en un registro sensorial de la vida misma, más espontáneo pero también más inmersivo y personalizado.
Fotografías que se sienten, no solo se ven
Aunque la tecnología evolucione, el propósito de la fotografía sigue siendo el mismo: emocionar. Porque detrás de cada imagen hay una historia, un instante que quiso ser preservado. Las fotografías seguirán siendo una forma poderosa de comunicar y conectar, más allá del medio en que se tomen o el formato en que se entreguen.
Hoy, muchas empresas, familias o grupos optan por transformar esas imágenes en experiencias tangibles que conserven el valor emocional. Ya sea como recuerdo personal o incluso como obsequio en ocasiones especiales, las fotos siguen funcionando como una forma de decir: “esto fue importante para mí, y quiero compartirlo contigo”. No tiene que ser una fecha especial; también pueden formar parte de iniciativas cotidianas, como regalos corporativos por el Día del Trabajador, donde cada imagen puede transmitir cercanía, identidad y pertenencia.
Datos clave:
- La fotografía computacional, la inteligencia artificial y la realidad aumentada marcarán el rumbo del futuro visual.
- Se proyecta una transición hacia cámaras invisibles, portátiles o integradas en otros dispositivos.
- A pesar de los avances tecnológicos, el valor emocional de la fotografía sigue siendo su esencia más poderosa.
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Conclusión
Y bueno… después de todo este recorrido, es inevitable sorprenderse un poco, ¿no? Pensar que todo comenzó con una caja oscura y un pequeño orificio, y hoy podemos tomar una foto en segundos con el celular. Increíble cómo hemos llegado hasta acá.
La historia de la fotografía no solo habla de inventos o avances tecnológicos, sino de una necesidad humana que ha estado siempre: capturar lo que sentimos, lo que vemos, lo que queremos recordar. Y aunque las herramientas cambien, esa esencia sigue intacta.
Así que, la próxima vez que tomes una foto, quizás te detengas un segundo a pensar en todo lo que hubo antes para que eso sea posible.